El derecho a morir bien (Autonomía II)

ORTOTANASIA
(…) el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para mantener la vida. En este sentido, ante enfermedades incurables y terminales se debe procurar que se actúe con tratamientos paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medidas razonables hasta que llegue la muerte

 

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Abuela, mami y yo luego de mi acto de grado como psicóloga. Soy la nieta mayor, la primera en “darle” un título universitario y la que tiene toda la presión del primer bisnietx.
Mi abuela está muriendo. Un infarto atacó su corazón, afectado por  la diabetes, la hipertensión y la resistencia de ella a aceptar enfermedades que llevan media vida acompañándola. Para el día de hoy 18 de mayo de 2016, está consciente, habla, come, va al baño y con miedo reconoce que su cuerpo se está apagando. El procedimiento quirúrgico que le ayudaría a evitar otro infarto le costaría 3 diálisis semanales en un país tropical donde hasta la lluvia escasea, cercenándole su estilo de vida, deprimiéndola más, limitándola mucho más de lo que ya se encontraba el domingo en la noche. Ella lo entiende y lo acepta.

Cuando mi madre me contaba este, me dijo ” recordé lo que me decías sobre el derecho a vivir decentemente lo que queda de vida” y es en momentos de crisis es que me doy cuenta que mi mamá si me escucha cuando hablo sobre no forzar la vida sobre nadie para evitarle sufrimientos a terceras partes. Honestamente pensaba que no lo hacía, ya que siempre me cambiaba el tema o me mandaba a cerrar la boca, tal vez porque hablaba de mi propia muerte y cómo quiero que sea el proceso si otra persona debe decidir por mi.

 La muerte siendo lo único seguro en este mundo no debería ser un tabú, en efecto, es angustiante para ambas partes, pero es algo que hay que discutir, ya que lamentablemente el/la enfermx terminal no suele tener decisión sobre su cuerpo, siendo forzado o accediendo por amor, e incluso miedo al fallecimiento, a tratamientos que extenderán su vida por periodos a veces risibles, pero al costo de la calidad de esta.

 

Es nuestro derecho como personas, elegir si queremos o no continuar el camino que nos presentan, es nuestro deber como cuidadores, entender si lo que yo creo que es mejor para mi familiar, creo que lo es por el/ella o por mi; en efecto, sería lindo tener a esa persona hasta la siguiente navidad, pero, ¿a razón de que tenga dolores, restricciones, tristezas evitables, innecesarias, solo para que todos los demás sonrían? A mi parecer es egoísta.

 Hice mi servicio comunitario en un hospital pediátrico, una de las enfermeras me contó la historia de un chico de 13 años, que tenía 2 años cansado, deseando que todo se acabara (estaba enfermo desde los 8), solo quería dormir hasta despertar junto a Jesús (su familia era cristiana). Tuvieron que confrontar a la madre, que estaba preparando todo para un segundo trasplante de médula, ella decía que eran disparates de su hijo, que ella sabía lo que era lo mejor para él, pero al escucharlo en la intervención familiar tuvo que callar. Poco tiempo después, ambos tuvieron una conversación larga y tendida, donde se dio cuenta que su madre estaría bien sin él, partió al día siguiente tranquilamente, un poco antes de mediodía.

 

Recientemente leí estos dos artículos: Cómo mueren los médicos y Por qué los doctores optan por morir diferente y me puse a pensar, que en verdad hablar de estos temas es una necesidad, por ejemplo, hay que discutir qué quieres que pase contigo si quedas en coma o estado vegetal, o que deseas que ocurra si un tratamiento va a ser peor que la enfermedad, que quieres que hagan con tus órganos; deseas que te quemen o incineren, si te incineran, que deseas que ocurra con tus cenizas. Si te desahucian ¿deseas escoger el ataúd o cofre en el que tus restos estarán? ¿cómo deseas que te vistan? ¿con o sin música? ¿con o sin funeral? ¿con o sin ritos religiosos?

Por amor hay que hablarlo y por respeto aceptarlo, si lo que quedan son meses o semanas de vida,  ¿por qué no vivirlas bonito? Entiendo que no tengas plata para ir a Canaima, pero hey! una mojadita en la playa o un fresquito en la montaña, una paseo al parque más bonito de tu localidad, una visita a ese amigo o de ese familiar o ir a ese restaurante donde siempre ha(s) querido comer pueden ser más que suficientes para hacer genial la recta final del viaje.

Besos de coco :*

PD: si, al parecer estoy intelectualizando todo el proceso… como siempre…

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